Llamada de Trabajos – 2ª Edición

¿El populismo es un problema?

“El 3 de octubre, en Río de Janeiro, era medio millón de miserables, analfabetos, mendigos hambrientos envueltos en harapos, espíritus reprimidos y justamente resentidos, individuos que se volvieron por el abandono de hombres estúpidos, malvados y vengativos, los que bajaron los morros embalados ​​por la cantiga de demagogia que se oía chillando desde ventanas y automóviles para votar por la única esperanza que les quedaba: en el que se decía padre de los pobres, el mesías charlatán.” Así es que la revista Anhembi describió la amplia victoria electoral de Getúlio Vargas en las elecciones presidenciales de 1950 (FGV, Verbete Populismo).

Esta enfática descripción que retrata de modo peyorativo a los electores del presidente brasileño Getúlio Vargas simboliza la controversia presente en la designación populismo y los reflejos de su significado para el pensamiento político contemporáneo.

En general asociado a gobiernos autoritarios y/o personificado en liderazgos carismáticos que utilizan estrategias de propaganda para conquistar al “pueblo”, definición que se ve llena de elementos ideológicos, tal cual la búsqueda del poder y de su constante mantenimiento, la elaboración conceptual sobre populismo en la gramática académica no está ajena de la polémica, a la vez que, afirmó Laclau: “el impasse que la teoría política experimenta en relación al populismo está lejos de ser accidental, pues tiene sus raíces clavadas en la limitación de los instrumentos ontológicos actualmente disponibles para el análisis político”.

En este sentido, el populismo reaparece en el centro de la agenda política del siglo XXI como un fenómeno social controvertido e impregnado de ambigüedades que se manifiestan en diferentes estilos y contextos socioculturales alrededor del globo. Entre diversas características, el culto a una personalidad política carismática o incluso de un partido o movimiento social aglutinador de masas tiene en el populismo su marca más acentuada. Para algunos, como para el filósofo francés Pierre Rosanvallon, el populismo, se le debe interpretar como una amenaza perversa a las ideas y procedimientos de la democracia representativa; para otros entusiastas, el populismo puede ser el refuerzo necesario a la constitución de una democracia efectivamente comandada por el pueblo.

Para los últimos, los defensores, la contribución más importante viene de la teoría crítica marxista por medio del ineludible esfuerzo del filósofo argentino Ernesto Laclau, que, en colaboración con la filósofa belga Chantal Mouffe, sistematizó de forma más consistente la categoría de populismo a partir de un análisis gramsciana aplicada a los populismos de izquierda que en las últimas décadas tuvieron lugar en América latina. En esta perspectiva, el populismo no es entendido como una anomalía o una excepción de la historia, sino que se trata más bien de una lógica política del pueblo conjugada en su núcleo más tradicional a una idea de política de masas, soberanía popular, homogeneidad y un fuerte vínculo colectivo de solidaridad que se opone en principio a la dinámica institucional, constitucional o incluso elitista de la democracia liberal en favor de una democracia más directa y radical.

En la actualidad, diferentes teóricos vienen tratando de establecer en el campo académico una genealogía de este disputado concepto desde sus manifestaciones históricas en el populismo ruso (narodnichestvo), en el poujadismo en Francia, así como de su influencia más actual en los gobiernos de América Latina (Perón y Kirchner en Argentina, Venezuela, Evo Morales con su etnopopulismo en Bolivia, Correa en Ecuador, Lula en Brasil, entre otros) en los partidos de extrema derecha europeos (Brexit y Farage en Inglaterra, Frente Nacional y la familia Le Pen en Francia, Movimiento 5 Estrellas en Italia, FPO en Austria, Viktor Orbán en Hungría), además de las campañas electorales de Estados Unidos (Donald Trump por el Partido Republicano y Bernie Sanders por los Demócratas, o Jeremy Corbyn por el Labour Party británico).

Todos estos indicios muestran que este fenómeno ha resurgido con características nuevas y que prometen acentuarse de aquí em adelante. Una de las principales causas sería la crisis económica del capitalismo neoliberal de 2007-2008, que propaló la emergencia de un nuevo tiempo post-político en que la democracia representativa se vio puesta en jaque por diversos movimientos sociales populistas contra el establishment, sea en la forma de una democracia radical del 99% del pueblo, en el campo de la izquierda, o incluso por medio de manifestaciones neo-fascistas, xenofóbicas, antisemitas y autoritarias en el espectro político de la derecha o de la alt-right.

Este desplazamiento puede ser explicado, en términos del filósofo italiano Paolo Gerbaudo, como un distanciamiento de las políticas de centro, desde la izquierda o de la derecha, ya que la esfera pública se vio ante a una “explosión populista” (anunciando una nueva era que, sin embargo, llega a su límite, a saber la era del neoliberalismo que le da paso al populismo, o a lo que se podría llamar populismo 2.0), o sea, el surgimiento de un ciudadanismo, políticas de ciudadanos, no por un líder personalista, sino a partir de las ágoras y las plazas (virtuales por redes de colación en Internet), de fuerzas autónomas, por vía de Ocupación o institucionalmente por vía de coaliciones populistas en Grecia como la Syriza y en la España como el Podemos, que combatieron las políticas de austeridad impuestas por las Troika (Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional)

La revista Crisis and Critique se dedica, desde 2014, a la reformulación de la teoría marxista, sirviendo de plataforma para investigaciones comprometidas con la tarea de repensar la política emancipatoria desde sus bases filosóficas. El año pasado, la revista lanzó su primera edición latinoamericana, bautizada de Crise e Crítica. En esta segunda edición, teniendo en cuenta la actualidad de la temática, la revista Crise e Crítica lanza la presente llamada para contribuciones transdisciplinares que buscan profundizar nuevos diagnósticos (o retomando antiguas perspectivas) acerca del populismo, provocando la reflexión sobre el uso de las narrativas populistas en políticas nacionales bien como sobre el papel de los medios sociales con el compromiso con las protestas y movimientos populistas en redes; el ascenso de personalidades autoritarias contemporáneas que reivindican un nuevo legado del populismo; las contradicciones y potencialidades contenidas en esas políticas neo-populistas; formas de regresiones sociales como la emergencia de racismos, censuras, separatismo, y otras ideologías del campo de derecha; las evaluaciones estéticas y psicopatológicas de los efectos de estos nuevos movimientos, en fin, un balance intelectual y crítico de nuestro espíritu de nuestro tiempo.

Los textos pueden tener entre 4.000 y 10.000 palabras y deben ser enviados en Times New Roman, 12, espaciamiento 1,5, para el email: contacto@criseecritica.org. El plazo para envío es hasta 5 de mayo de 2018. [PRORROGADO HASTA EL 05 DE JUNIO DE 2018]